Autismo y la Teoría del Mundo Intenso

| 30 marzo, 2014 | 0 Comentarios | Leído: 499 veces.

sobreestimulacion

 

 

Es frecuente que escuchemos que las personas con autismo (porque no son solo niños, también hay adultos con autismo) viven “en su propio mundo”. Esto ha sido un mito al que lamentablemente ha contribuido en forma muy especial, por ejemplo el logo de asociaciones de padres como ASPAUT. El punto, es que como profesionales debemos saber que el autismo no se trata de un niño “normal” encerrado en un mundo especial. Es una condición caracterizada por peculiaridades que debemos considerar y comprender para poder proporcionar la mejor calidad de ayuda a esas personas.

Dentro de las características que se pueden observar en personas con trastornos del espectro autista (TEA), nomenclatura que sigue la línea del DSM-5, están las dificultades de interacción, a veces aislamiento social, conductas repetitivas; a veces pueden tener un procesamiento sensorial distinto, atracción por estímulos vestibulares, o fascinación por objetos brillantes, miedo o desagrado por ciertos sonidos. Algunos desarrollan talentos especiales, como la capacidad por el dibujo (como en este VIDEO), o aprenderse los santos del calendario, o poder recordar banderas o recorridos de autobuses.

Tantas características disímiles han fascinado a científicos desde hace mucho. Se han propuesto múltiples teorías que han tratado de explicar el funcionamiento cognitivo de las personas con autismo: La teoría de la Mente (Leslie, Frith y Baron Cohen); la teoría afectiva (Hobson), la teoría de funciones ejecutivas (Bishop,  Russell), la teoría de la Coherencia Central Débil (Frith), la teoría hipersistematizante (Baron-Cohen). De ellas hablamos en nuestro episodio 16 (acá lo puede escuchar).

Cada una de esas teorías tiene una perspectiva por medio de la cual trata de explicar la sintomatología que se observa en personas con TEA, aunque lamentablemente ninguna es capaz de dar cuenta de todo, o al menos, sin que sea necesario presionar un poco.

Hace relativamente poco, surgió una nueva teoría que intenta explicar cómo procesan el mundo las personas con TEA. El año 2005 Henry y Kamila Markram emplearon un modelo creado a partir de ratas a las que fueron expuestas al ácido valrpoico para explicar lo que podría pasar. Se sabe que madres que toman ácido valproico (un medicamento anticonvulsivante que se usa para la epilepsia) suelen tener un riesgo aumentado de tener un hijo con autismo.

El experimento mostró que las ratas tenían respuestas de miedo aumentadas y neuronas hiper-reactivas en sus amígdalas (estructuras de los lóbulos temporales, no las de la faringe). Normalmente la amígdala es una estructura que ayuda a controlar los impulsos emocionales de temor y agresión. Después del experimento, los autores vieron que las ratas además presentan una corteza cerebral somatosensorial super-sensible (es una zona importante en el procesamiento del tacto, temperatura y dolor), así como la corteza prefrontal (que es muy importante para la memoria, atención y el lenguaje. Encontraron que las ratas tenían hasta un 50% más de conexiones entre sus neuronas que los controles. Entonces, los investigadores propusieron que las personas con TEA tienen circuitos hiperactivos en diferentes regiones del cerebro.

Algunas de las observaciones de las personas con TEA que podrían ser explicadas por esta teoría por ejemplo, son: fuertes conexiones de rango corto y conexiones de rango largo débil.

En general, estaríamos en presencia de un cerebro que se encuentra más activo que el cerebro típico, lo que explicaría, por ejemplo, las dificultades que tienen algunas personas con TEA para dormir, o su constante nivel de alerta y movimiento.

Los autores (que además de ser neurocientistas son padres de un niño con autismo) plantean que la experiencia sería como “nacer en un ambiente sobrecargado sensorialmente, como venir de un planeta más oscuro y mucho más silencioso. Los ojos de tu madre, una luz estroboscópica. La voz de tu padre, un martillo neumático. Las suaves y mullidas sábanas de tu cama, lija. Todo eso envuelto en una cacofonía de datos sin filtrar”.

El mundo sería impredecible, abrumador. De ahí la búsqueda de aislamiento, especialmente si consideramos que las personas somos una fuente de estimulación poco predecible y que entrega muchos datos en poco tiempo (miradas, expresiones, palabras, prosodia, etc.)

Junto con esto, se podría explicar la necesidad de rutinas, de estabilidad en el ambiente, de invarianza. Pequeños cambios serían rápidamente detectados y producirían  incomodidad o molestia.

Claramente esta teoría tiene múltiples detractores, especialmente si consideramos que los markram proponen como forma de intervención el restringir sensorialmente a los niños con TEA, aunque a nuestro juicio tiene como valor el presentar las características de las personas con TEA como fortalezas, como potenciales. ¿Cuál de todas las teorías prevalecerá? Solo el tiempo lo puede responder.

 

Acerca del Autor ()

Hugo Segura Egresó de la carrera de fonoaudiología de la Universidad de Chile el año 1996. Desde ese año comenzó a trabajar con niños y jóvenes con trastornos del espectro Autista. En el año 2001 cursó la licenciatura en Fonoaudiología en la misma U de Chile. El año 2005 fue el primer titulado del programa de magíster en Estudios Cognitivos de la misma casa de estudios. El 2008 se graduó como magister en Trastornos del Lenguaje en la universidad de Talca, casa de estudios donde ejerció como docente de pregrado y de posgrado hasta el año 2010. Actualmente se encuentra cursando el programa de doctorado en Fonoaudiología de la Utah State University siendo alumno de los doctores Sandra y Ronald Gillam. Ha presentado trabajos en el congreso chileno de Fonoaudiolgía, en el Symposium of Research in Child Language Disorders (SCRLD, Madison) y en el congreso anual de la ASHA. Sus intereses son el desarrollo temprano del lenguaje, la neurociencia del lenguaje y el desarrollo del discurso narrativo y expositivo.

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